(“¿De Nazaret puede salir algo de bueno?”

[Juan_1:46]). El Señor Jesús fue conocido como “el hijo del carpintero” (Mateo_13:55; Mar_6:3)



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domingo, 27 de enero de 2013

Adam Ben Joshua Vamos Hay Que Subir

Sal 1:1  Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores, 
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; 
Sal 1:2  Sino que en la ley de Jehová está su delicia, 
Y en su ley medita de día y de noche. 

YIYE AVILA PREDICANDO SOBRE =SANTIGO 5:14= (NUEVO)

Stg 5:14  ¿Está alguien entre ustedes enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor.
Stg 5:15  La oración de fe restaurará (sanará) al enfermo, y el Señor lo levantará. Si ha cometido pecados le serán perdonados. 
Stg 5:16  Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración (súplica) eficaz del justo puede lograr mucho. 

Não há Outro igual / Ministração - Diante do Trono e Paul Wilbur

Juan
Juan fue uno de los primeros a ser incorporados en el grupo de discípulos y el último en dejar este mundo, partiendo a estar con el Señor a la edad madura de aproximadamente 100 años. Llegó a ser creyente bajo el ministerio de Juan el Bautista, y un discípulo cuando el Señor le llamó de su ocupación de pescador para ser “pescador de hombres”. Más adelante fue escogido como uno de los doce apóstoles; luego, a ser uno de los tres favorecidos que gozaban de una intimidad especial con su Maestro; y finalmente toma para sí el título del “discípulo a quien Jesús amaba”.
Sabemos que era un joven pescador galileo, probablemente de Betsaida o una de las aldeas adyacentes a las orillas del Galilea. Aquel lago era escenario de mucha actividad en aquellos días. Se dice que cuatro mil barcas surcaban la reducida superficie de unos veinticuatro kilómetros por trece, pero con todo la pesca abundaba. Esta industria dio lugar a otras afines; un escritor bien informado afirma que había nueve poblaciones por las orillas, cada una con una población promedia de quince mil personas.
Veamos primeramente los enlaces familiares de Juan. Sabemos que el nombre de su padre era Zebedeo; su hermano mayor, compañero inseparable en los primeros años, era Jacobo. Al comparar Mat_27:56 con Mar_15:40, entendemos que su madre era Salomé, y es importante recordar que Salomé era hermana de María, la virgen madre de Jesús. Esto quiere decir que Juan era primo hermano del Señor según la carne, y tal vez explica en parte la intimidad entre ellos.
Parece que la familia era razonablemente bien acomodada. Leemos de jornaleros en su barca, Mar_1:20, y es posible que Zebedeo haya poseída más de una. Sabemos poco de la vida de éste, salvo que estaba de acuerdo con el llamado que sus dos hijos recibieron cierto día. Dejaron su padre en aquella barca, y siguieron a Jesús, sin mención de algún reparo de parte del mayor.
Salomé era parte de aquella compañía de mujeres devotas que ministraban al Señor en Galilea, dejando sus respectivos hogares para seguirle hasta Jerusalén en su último viaje. Fueron testigos oculares de su muerte y adoradores ante la tumba la mañana de su resurrección. De que Salomé era una mujer de carácter fuerte, además de discípula ferviente, se sabe por la solicitud suya, hecha a los pies de Jesús, que sus hijos se sentaran a cada lado del Señor en su reino, Mat_20:20. Su petición fue inapropiada, pero por lo menos mostró el amor que tenía para el Señor, la certeza de su convicción de que Él va a reinar, y su concepto de qué sería un honor en aquel reino. 
Otro indicio de la posición social de la familia es que Juan poseía hogar propio en Jerusalén, Jua_19:27; sea propia o alquilada la casa, él pudo llevar la madre de Jesús a ese refugio. Parece que era bien conocido en la ciudad, ya que tenía derecho de entrada al palacio del sumo sacerdote, y probablemente fue el único discípulo permitido a entrar en el pretorio durante el juicio de su Señor. 
Se entiende que estaba más cerca de la cruz que cualquier otro discípulo, ya que afirma haber visto lo que ningún otro de ellos vio, hasta donde sabemos; a saber, el costado de Jesús penetrado por la espada de un soldado una vez que el Cristo había muerto,Jua_19:35.
Pasamos ahora a sus primeros años con el Maestro. Producto de aquel robusto pueblo galileo que guardaba mucha de la sencilla fe y firmeza de sus antepasados, fue atraído temprano en la vida por el denuedo de Juan el Bautista. Sospechamos que no pocas veces se ausentó de la pesca para acudir al desierto a escuchar las poderosas predicas del Precursor.
Llegó el día cuando en Betábara, “al otro lado del Jordán”, cuando vio el Bautista que venía a él Uno que el pescador no conocía, y Juan escuchó palabras que jamás olvidó: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Luego, el día siguiente Juan el Bautista le vio de nuevo. Mirando a Jesús, exclamó de modo de adoración, “He aquí el Cordero de Dios”.
Juan y Andrés le oyeron hablar, le dejaron y siguieron a Jesús. Conocieron al Señor cara a cara y se hospedaron con él el resto del día. Aquella entrevista nunca fue narrada; fue demasiado sagrada, demasiado impactante para decírsela a otros. Pero ha debido quedar impresa en la mente de Juan el resto de su vida, porque en el libro del Apocalipsis que Juan escribió cuando viejo, le describe como “un Cordero inmolado”, Apo_5:6. 
En aquellos primeros tiempos de su discipulado Juan y su hermano Jacobo fueron apellidados por el Señor Boanerges, “hijos del trueno”. Aparentemente eran jóvenes fervorosos, y de su celo contamos con dos ejemplos en Lucas capítulo 9. 
Fue Juan que protestó con vehemencia contra uno que echaba fuera demonios en nombre de Jesús, prohibiéndole, porque no seguía con los discípulos. Fue una manifestación de aquel espíritu sectario que todavía vemos a veces, no reconociendo nada de bueno en aquellos que no son de nuestro reducido círculo. La respuesta del Señor —“El que no es contra nosotros, por nosotros es”.— ha debido causar al discípulo no poca reflexión. 
El otro ejemplo figura más adelante en el mismo capítulo. Cuando los samaritanos de la aldea rehusaron hospitalidad al Maestro, Juan y Jacobo, indignados, querían invocar fuego del cielo. De nuevo el Señor reprende con firmeza y gentileza: “No sabéis de qué espíritu sois”. Juan aprendió la lección. Bajo el ministerio con gracia que el Señor realizó, se ablandó aquel celo que no siempre había venido acompañado de comprensión, hasta que en sus Epístolas le encontramos como el apóstol del amor. El amor en verdad y la verdad en amor sobresalen en todas tres epístolas.
Hemos notado que tomaba para sí, con modestia pero con satisfacción, la descripción de ser el apóstol a quien Jesús amaba. Parece que aun Pedro lo reconoció cuando le preguntó a Juan por señas en el aposento alto quién sería el traidor.
Esta maravillosa amistad entre Juan y su Señor tal vez se nota más en la última cena, Juan 13, y es por demás llamativa. Tengamos presente que el Señor y sus discípulos estaban acostados en sofás conforme a la costumbre, cada uno apoyado por su lado izquierdo, mirando a la mesa, su muñeca izquierda apoyando la cabeza. 
Aparentemente Juan estaba al lado derecho del Señor pero quería estar aun más cerca. Así, Simón Pedro le hizo señas para que Juan preguntara de quién Jesús estaba hablando. Recostado más de cerca, preguntó, “Señor, ¿quién es?” Fue un acto de familiaridad inusual pero de profunda reverencia.
Si hace falta otra evidencia de la intimidad entre Juan y su Señor, está en que éste, desde el árbol de la cruz, le encomendó a Juan el cuidado de su madre. Juan fue el último de los apóstoles en abandonar el Calvario y el primero a la tumba la mañana de resurrección. Si bien Juan ganó la carrera al huerto, Pedro le ganó posteriormente al nadar a la playa donde estaba el Maestro. Parece que estos dos hombres, de temperamentos tan diferentes, se acercaron más el uno al otro una vez que el Señor había ascendido.
Hay una sugerencia —y es solamente una sugerencia— en cuanto al porqué de este acercamiento. Posiblemente Juan se culpaba a sí mismo por haber llevado a Pedro al patio del sumo sacerdote, Juan 18.16, con buenas intenciones pero consecuencias tan funestas para este último. Da la impresión que Juan acudió a la casa de Pedro tan pronto que supo de la restauración de su hermano en la fe (o, quién sabe, tal vez aun antes), y le trajo a su propio hogar. Lo cierto es que estaban juntos cuando María Magdalena trajo las noticias del sepulcro vacío, Juan 20:2.
A primera vista es sorprendente que Juan figure poco en Hechos de los Apóstoles. Está mencionado solamente cinco veces, y siempre en relación con Pedro, en los capítulos 3 y 4. Puede haber dos razones. 
(1) Sabemos por la carta a los gálatas que era una de las columnas de la iglesia en Jerusalén. Este hecho por sí sólo limitaría su esfera de ministerio. 
(2) Tenemos que llevar en mente su deber sagrado de cuidar la madre del Señor, quien había sido encomendado a su atención, y otra vez esta responsabilidad ha podido circunscribir su radio de acción. Con todo, no puede haber duda de que estos años de aparente falta de actividad sirvieron para profundizar sus conocimientos y aptitud para días cruciales que iban a presentarse.
Una vez que Pedro y Pablo habían sido llamados a su descanso, Juan vuelve a prominencia. Desempeñó su obra mayormente en Asia, basándose en Éfeso. Las palabras de Apo_1:4 confirman lo dicho; las cartas a las siete iglesias le fueron encomendadas porque las conocía.
Con tan sólo haber escrito su Evangelio, sus tres epístolas y el Apocalipsis, Juan habría hecho mucho. Su Evangelio fue escrito muchos años después de los otros tres. Había vivido suficiente tiempo como para ver a la Iglesia perder mucha de su unidad y poder y ver el comienzo del insidioso gnosticismo, cuya enseñanza intenta contra la deidad eterna del Señor. 
El Evangelio según Juan es su convincente respuesta a ese error venenoso. Desde su apertura —que Agustín describió como un trueno celestial— “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”, hasta sus últimas palabras en el capítulo 20, Juan se manifiesta no sólo como sujeto a su Maestro, sino también con maestría en cuanto a su Sujeto.
Con una combinación de conocimiento sin par del Señor y lealtad personal a él, Juan escribe con tal certeza y convicción de la Persona gloriosa del Hijo de Dios que no tan sólo aplasta sus opositores gnósticos sino resuelve el asunto para siempre para todos los creyentes.
Sus Epístolas ofrecen para la vida diaria del creyente una aplicación excepcionalmente práctica de las verdades de su Evangelio, empleando como palabras clave la vida, la luz y el amor. Los había visto manifestados perfectamente en el Señor Jesús, y quiere verlos manifestados en su pueblo también.
Tengamos presente que su último libro —aquella maravillosa y a veces difícil Revelación— fue escrito durante un exilio. Hombre viejo que era, fue detenido por el emperador romano, probablemente Dominciano, y sujetado a labor forzosa en la solitaria isla de Patmos. Parece que la marcha de los años no había efectuado cambio en Juan, ya que los motivos de su destierro resultaron ser también los temas de su escrito: la Palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. 
Vio cosas maravillosas, pero ninguna que era de comparar con la visión del Señor a quien amaba y servía en Palestina décadas antes. Era diferente ahora, majestuoso en su gloria. Santo y amigo estrecho que era, Juan dice que cayó a sus pies como muerto al verlo. Luego el glorioso Señor puso su mano derecha sobre él y, hablando en voz como de muchas aguas, le aseguró: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos”.
Fortificado por aquella entrevista, Juan recibió su último manda-miento: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas”. Esto quería decir en efecto: “Dígales a mi pueblo en la tierra, que sufren y prosiguen, que tengo la situación de un todo bajo control, y pronto vendré por ellos”. Casi las últimas palabras que el Señor le habló a Juan, antes de mandarle a poner su plumilla a un lado para siempre, fueron: “He aquí, yo vengo pronto”, a las cuales Juan respondió de todo corazón; “Amen; sí, ven, Señor Jesús”.

Alegria/Com Alegria Cantai/Alegria(reprise)/Roni, Roni, Bat Zion - Diant...

Lucas
Se puede considerar a Lucas como el ideal del caballero cristiano. Una de las gracias sobresalientes de su vida es su negativa a promocionarse a sí mismo. Prefiere ser oído pero no visto, leído pero no conocido. En su Evangelio y en Hechos de los Apóstoles él ha sido escogido por el Espíritu de Dios a proporcionar uno de los aportes clave a las Escrituras del Nuevo Testamento, pero no menciona una sola vez su propio nombre. Se le nombra solamente tres veces, y es Pablo quien lo hace.
Col_4:14 hace saber que era médico por profesión, estimado por sus pacientes y sus hermanos. Parece que ejerció voluntariamente, y veremos en un momento por qué. En Flm_1:24 le encontramos en íntima asociación con Pablo, figurando como “colaborador”. No era ningún flojo uno que podía guardar el paso con el gran apóstol. Y, finalmente, en 2Ti_4:11 hay ese gran y emocionante tributo: “Sólo Lucas está conmigo”.
Si él es —como algunos creen— el hombre de 2Co_8:18, “el hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias”— y está descrito en el capítulo, junto con otros, como “mensajero de las iglesias, y gloria de Cristo”, hay una razón adicional para entender que era uno de los más conocidos y estimados de los creyentes primitivos, aun cuando huía de la publicidad.
Cuando está obligado a entrar en el relato misionero, en Hch_16:8-10, lo hace de una manera por demás recatada. Solamente por el cambio de pronombre de ellos a nosotros [suprimidos en el castellano; leemos “descendieron” y luego “procuramos”] podemos descubrir que se juntó con Pablo y otros antes del viaje a Troas, cuando se tomó la gran decisión de llevar el evangelio de Asia a Europa.
Hay una sugerencia que no admite dogmatismo pero parece probable. Sabemos que Pablo y sus compañeros llegaron a la provincia fronteriza de Misia y aparentemente pensaban girar hacia el este para entrar en Asia, pero “el Espíritu no se lo permitió”. Inciertos en cuanto a su rumbo, llegaron a Troas, al extremo norte de Mar Ageo, entre Europa y Asia. Se le mostró a Pablo una visión; un varón macedonio estaba rogándole a pasar a Macedonia “y ayudarnos”. La sugerencia es que ese varón era Lucas, quien había pasado a Troas para hacer este llamado. “En seguida”, relata, “procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba”. 
Si así fue, Dios había enviado la visión primeramente y luego el varón de la visión. Es de recordar que casi la misma cosa había sucedido en el caso de Pedro y Cornelio; Hechos 9. Se cree que Lucas era oriundo de Filipos, o que ejercía su profesión allí en aquellos años. Parece que antes él había escuchado la predicación de Pablo; posiblemente ahora viene a rogar que el apóstol evangelizara el continente oscuro de Europa.
A favor de esta sugerencia hay tres hechos. 
(1) Cuando Pablo y sus amigos navegaron a Europa, se dirigieron directamente a Filipos. No eran indecisos. 
(2) Segundo, Lucas parece haber tenido conocimiento de la ciudad. Dice que era la primera ciudad de la provincia de Macedonia y una colonia. Los ciudadanos se jactaban de que era colonia romana, ya que por esto era una Roma en miniatura, con privilegios y responsabilidades para sus ciudadanos romanos. En un principio los colonos eran sólo soldados veteranos, con tierra propia y con su propio senado y magistrados. 
(3) Lucas sabía que eran judíos acostumbrados a reunirse para la oración. No contaban con sinagoga, sino posiblemente una estructura provisional “junto al río”. Es probable que sólo un residente supiera esto.
Aquella reunión de oración fue asistida por damas no más, y los predicadores se sentaron y hablaron con las mujeres reunidas. La primera alma fue ganada para Cristo, y oportunamente muchos en adición al carcelero estaban preguntando qué deberían hacer para ser salvos. Una iglesia local fue constituida y a lo mejor los creyentes se reunían en casa de Lidia la comerciante. Desde luego, un evento como éste no puede suceder sin despertar oposición; los secuaces del diablo fueron despertados.
Cuando Pablo y sus colaboradores se marcharon hacia otras conquistas espirituales, Lucas se quedó en Filipos por quizás siete años más. Si ejercía medicina, no sabemos, aunque hubiera sido bueno hacerlo allí. Este pastor-médico nada nos dice de su labor, aunque la carta de Pablo a los filipenses nos hace pensar que logró mucho.
La próxima mención de Lucas en Hechos está en el Hch_20:6, donde figura de nuevo el plural: “Nosotros ... navegamos de Filipos …” De nuevo estaba con Pablo, éste enfermo. Leyendo en 2Co_11:23-33 de las experiencias que había vivido, esto no nos sorprende. 
Tal vez la peor de esas experiencias fue la de Listra, Hch_14:19-20, donde Pablo fue apedreado y luego arrastrado fuera de la ciudad bajo la creencia de que había muerto. Posible sea a esta ocasión que se refiere el apóstol en 2Co_12:2: “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo”. Las fechas corresponden.  Parece no haber duda que aquel día él haya sufrido heridas de las cuales nunca se recuperó, y que Lucas se dio cuenta de que ese consiervo suyo requería atención continua.
Lucas asumió esta responsabilidad. Entendemos que se quedó al lado de Pablo en aquel último y memorable viaje que incluyó Cesarea, Jerusalén, el naufragio mediterráneo y la larga caminata hasta Roma. Entendemos también que se quedó con Pablo en Roma y en ambos encarcelamientos, ministrando a su cuerpo quebrantado, animándole con compañerismo espiritual y sin duda escuchando del apóstol los relatos que anotaría con sumo cuidado. 
La partida de su amigo más cercano ha debido ser un tremendo golpe para Lucas, pero uno que le condujo a entrar en otra fase de su servicio. Ahora estaba en condiciones de escribir su Evangelio y Hechos de los Apóstoles. En la introducción al Evangelio cuenta cómo fue que llegó a realizar esta labor: “Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido”.
Nada dice allí de haber sido inspirado por el Espíritu a escribir, pero sabemos que lo fue, y sabemos que hay un lado humano a la inspiración. Lucas percibió la necesidad de una relación acertada del nacimiento, vida, muerte y resurrección del Señor Jesús, y su bien es cierto que escribió mayormente para el beneficio de su amigo Teófilo y otros creyentes gentiles, su obra ha sido incorporada en el canon sagrado para formar parte de la herencia de la Iglesia a lo largo de las edades y el medio de salvación para muchos miles de almas. 
Dedicado él a su tarea, el Espíritu Santo se apoderó de su servidor, de manera que escribió precisamente lo que Dios quería. A la misma vez, Lucas se esmeró en ordenar su material y redactar el texto. Aseguradamente no se ha podido encontrar otro mejor para el proyecto. Era hombre preparado; se había dedicado a averiguar los hechos, especialmente de testigos oculares; y, tenía la capacidad de poner en orden la información relevante. Veamos tres ejemplos de esta atención a detalles:
•  “Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase 
de Abías;  su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet”,  Luc_1:5.
•  “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, 
que todo el mundo —el mundo romano— fuese empadronado”,  Luc_2:1.
•  “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea 
Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea ...”,  Luc_3:1. 
Se nota su orientación médica en la terminología que emplea. Al hablar de aquel que era cojo de nacimiento, dice en Hch_3:7 que se le afirmaron los pies, usando el griego básis que  no figura en otra parte del Testamento. Indica que el problema estaba en el tacón. También es de uso único tobillos en la misma oración. Al decir en  Hch_3:8 “saltando”, Lucas describe el hecho de que se encajó un hueso que había estado descoyuntado. Pero tal vez sea más llamativa la manera en que describe eventos relacionados con el embarazo de María y el nacimiento de Jesús. Solamente María ha podido divulgar estas intimidades. Además, ¿quién sino su propia madre ha podido atesorar aquello de un muchacho de doce años entre los maestros de la ley en el templo?
Solamente Lucas cuenta del hijo pródigo, el buen samaritano, el rico y Lázaro, el ladrón moribundo. Y, solamente él revela varios detalles de la postrimería de Jesús, su resurrección y su ascensión. Él tuvo la oportunidad de entrevistar no sólo la madre de Jesús sino también la mayoría de los apóstoles. Pedro, Pablo, Felipe (en cuya casa se hospedó), Mnason (“el discípulo antiguo” de Hch_21:16) — la lista de informantes es larga.
Y, por vez última encontramos sobreentendido el pronombre nosotros: “Cuando llegamos a Roma …” Con esto, un varón bueno y humilde se retira del escenario.

Baruch Haba [Blessed Is He Who Comes] - Diante do Trono e Paul Wilbur

  (A) Adorador de Dios y objeto de sus bendiciones. Éste era el sentido corriente entre los antiguos semitas. (B) Los «hijos de Dios» en Gén_6:1-2. Se han propuesto tres interpretaciones: (I) Los grandes, los nobles. Las «hijas de los hombres» serían mujeres de rango inferior (versión samaritana; trad. gr. de Símaco; Targumes de Onkelos y de Joathan). (II) Para otros expositores se trataría de ángeles que abandonaron su posición, y tomaron mujeres de los humanos (Libro de Enoc, Filón de Alejandría, Josefo, Justino Mártir, Clemente de Alejandría, Tertuliano). (III) Los hombres piadosos, especialmente los descendientes de Set, adoradores de Dios. Seducidos por la belleza de las mujeres que no pertenecían a su línea, se unieron a ellas, perdiendo su espiritualidad (interpretación ésta de Julián el Africano, Crisóstomo, Cirilo de Alejandría, Agustín de Hipona, Jerónimo). La interpretación (I) ha sido descartada. Argumentos en apoyo de (II): El término empleado designa asimismo a los ángeles en otros pasajes del AT (Job_1:6; Job_2:1; Job_38:7; cfr. una expresión semejante en Sal_29:1; Sal_89:7; es diferente en Dan_3:25). Se alega, además, que el término que significa ángel se relaciona con la naturaleza de estos «hijos de Dios», en tanto que el término «mal'akim», el término corrientemente usado, designa a mensajeros, y denota su ministerio. A este argumento se añaden los pasajes de Jud_1:6 y de 2Pe_2:4. Objeción: No está demostrado que el término en cuestión se refiera a la naturaleza de los ángeles; esta expresión puede también entenderse como descriptiva de los ángeles bajo su aspecto de adoradores de Dios. Se debería demostrar también que el pecado de los ángeles en Jud_1:6 fue el de tomar para sí a las «hijas de los hombres». A primera vista, parece más razonable la interpretación (III), por la que los «hijos de Dios» serían la línea piadosa de Set (cfr. Gén_4:26). Los hombres piadosos reciben el nombre de «generación de tus hijos» (esto es, hijos de Dios) (Sal_73:15). Y en Isa_43:6, se menciona a «mis hijos, y mis hijas» (esto es, hijos de Dios). También se objeta a la interpretación que identifica a los «hijos de Dios» con ángeles, que son espíritus, y que «los ángeles de Dios ni se casan ni se dan en casamiento» (cfr. Mat_22:30; Heb_1:14). Sin embargo, los proponentes de (II) argumentan que éstos no son ángeles obedientes a Dios, sino desobedientes, y que el abandono de su dignidad se refiere precisamente a haber cometido el acto de materialización y ayuntamiento con mujeres. El hecho de ser espíritus no les impediría necesariamente la materialización, si se asume que estos seres tienen gran poder. En la interpretación (II), estos ángeles forman un caso aparte dentro de los ángeles rebeldes, y están ya encarcelados, en tanto que hay otros en libertad, siguiendo y sirviendo a Satanás, y cuyo aprisionamiento en el gran abismo es aún futuro (cfr. Jud_1:6; Mar_8:29; Luc_8:30-31). La historia de la interpretación de este texto muestra a intérpretes eminentes alineados a ambos lados de la disputa, y se puede decir que la cuestión no está resuelta. Argumentan en favor de (II) expositores como Cassuto, Darby, Delitzsch, Jukes, Kelly, Morris, Unger, Yates; a favor de (III) se alinean nombres como Calvino, M. Henry, Candlish, Keil, Leupold, Sauer, Young. La posición (I) es mantenida por Kline. (Véase Bibliografía bajo GÉNESIS.) (C) Hijos de Dios, en el sentido del NT. Destacando la idea de la filiación, de la protección divina, y también de la obediencia, esta expresión toma, en la enseñanza del Señor Jesús, una extraordinaria amplitud. Proyectando una intensa luz sobre las verdades bosquejadas en el AT, el Señor revela que Dios viene a ser verdaderamente Padre de aquellos que aceptan el Evangelio, habiendo pasado por el nuevo nacimiento (Jua_3:3, Jua_3:5-6, Jua_3:8; cfr. Apo_11:11). Son engendrados por Dios (Jua_1:12-13; Jua_5:21; Efe_2:5; Stg_1:18; 1Pe_1:23); han sido hechos participantes de la naturaleza divina por la operación del Espíritu Santo que mora en ellos (Jua_6:48-51; Jua_15:4-5; 2Pe_1:4; 1Jn_3:9). La santidad, el amor, la separación del mundo, se hallan entre sus características (1Jn_3:9; 1Jn_4:7; 1Jn_5:4); aunque no llegan a la perfección final en esta escena terrenal (1Jn_1:10), Dios los ha adoptado como hijos (Gál_4:5); el Espíritu les enseña a decir «Abba, Padre» (Gál_4:6; Rom_8:15), y éste es el Espíritu que los guía (Rom_8:14). La humanidad se halla dividida entre los que son hijos de Dios (Jua_1:12) y los hijos de ira (Efe_2:3), sin Cristo, perdidos, y a los que se dirige el mensaje de amor y salvación (cfr. Efe_2:4-10). Hay una clase especial de hombres, los que se oponen activamente al Evangelio por un peculiar aborrecimiento contra Cristo, y que reciben el durísimo nombre de «hijos del diablo» (cfr. Jua_8:44). Y Cristo se ofreció a Sí mismo para ofrecer su salvación a todos los esclavos de Satanás, para que así puedan pasar, por la fe en Él, de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios (Hch_26:18). «Todo el que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios» (1Jn_5:1).

viernes, 25 de enero de 2013

SI PADRE ESCUCHA PADRE AMADO SI ESCUCHA TUS HIJOS PADRE AS JUSTICIA SI PADRE SOLO TU ERSS JUSTO SI PADRE SOLO TU ERES DIOS SANTO PADRE TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS PADRE SANTO HO SI PADRE SI PADRE AMADO SI OIGA ESTE CLAMOR SOLO USTED ESCUCHA LA ORACION DEL JUSTO SI PADRE SI PADRE SI OIGA ESTE CLAMOR SI MASHIA SAHIA SAHIA MASHIA MASHOJA SAHI A MASHIA AMSHOJA HASI PADRE SANTO SANTO SANTO PADRE ALELUYA SI PADREESTA AQUI SI PADRE DE LA GLORIA ESTAS AQUI GRACIAS POR ESTAR AQUI SI PADRE T ESTAS A QUI ..juan 3,16 ALELUYA Lean On Me

IMAGINO QUE TODO VA A CAMBIAR Y ASI SERA EL SEÑOR ESO QUIERE SI PADRE TU ESTAS AQUI SANTO DIOS SANTO SANTO SANTO ERES TU PADRE SANTO SANTO SANTO ERS TU DIOS SANTO PADRE DE LA GLORIA SI PADRE TU TRAES PAZ DEON NO LA HAY SI TU CAMBIARAS AL QUE ESTA CAIDO SI PADRE SI TU CAMIBAS TODO SI PADRE SOLO TU CAMBIAS LO CORAZONES SI PADRE SOLO TU CAMBIAS EL MUNDO ( SI PADRE DEJAMOS QUE NOS CAMBIES SOLO TU NOS CAMBIAS AYUDANOS SOLO TU PUEDES AYUDANOS ALELUYA SI PADRE ALELUYA SI PADRE SOLO TU PADRE ALELUYA SI PADRE SOLO TU PADRE ALELUYA ALELUYA SI PADRE ALELUYA SI PADRE ALELUYA SI TU ERS DIOS ALELUYA ALELUYA SI PADRE SOLO TU PUEDES SOLO TU ERS DIOS ETERNO ) JASHUAJ AH MASHIA ,,Juan3;16Kirk Franklin - Imagine Me

Yahweh by Tal & Acacia 720p.mov

YAHWEH ALELUYA SANTO SANTO  SANTO ERES TU SANTO PADRE SOLO TU ERES YAHWEH SANTO SANTO SANTO ERES TU SANTO PADRE ALELUYA SI PADRE ETERNO SANTO SANTO  SANTO ERES TU SANTO PADRE ALELUYA SI TU ERES DIOS ETERNO Y SANTO ..SI TU ERES DIOS SANTO SANTO  SANTO PADRE SOLO TU ERES EL ELOHIM SANTO SANTO SANTO  KADOSH .

ENTREGALE TU VIDA A CRISTO - JAIME MURRELL (música cristiana)

EL SEÑOR JESUCRISTO ES EL UNICO CAMINO LA VERDAD Y LA VIDA NADIE VA A PADRE SI NO ES POR MEDIO DE MI.
( Jesucristo ).
Juan 14;6
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Acepte a jesucristo ..
Amado Dios.
Acepto a Jesucristo; ahora mismo, como mi único y exclusivo Salvador. Te acepto Jesucristo Nazareth , públicamente. No me avergüenzo de ti  y si me ARREPIENTO .y  Perdona mis pecados por AMOR A ti  entra en mi corazón.
Cambia mi vida. Ayúdame a permanecer firme en Tu Camino, firme en la iglesia. Que sea bautizado y que sea lleno de tu Espíritu Santo. ¡¡Creo en ti Jesucristo , creo en ti Jesucristo! Y soy salvo; soy salvo ahora y tu Sangre que limpió mi pecado.
¡¡AMEN ..!!!!!!!!!!!!

jueves, 24 de enero de 2013

Mujeres de Hierro Pastora Ninozka de Ponce

Mar16:15  Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien a todos la buena noticia.[h]
Mar 16:16  El que crea y sea bautizado, obtendrá la salvación; pero el que no crea, será condenado.[i] 
Mar 16:17  Y estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán nuevas lenguas;[j] 
Mar 16:18  tomarán en las manos serpientes; y si beben algo venenoso, no les hará daño; además pondrán las manos sobre los enfermos, y estos sanarán.”[k] 

miércoles, 23 de enero de 2013

EL PECADO DEL REY JOSIAS, predica el hermano YIYE AVILA

OBRAS
(acciones, hechos).

 El "creyente" es salvado gratis, por la fe, sin las obras, pero "para hacer buenas obras" así nos dice San Pablo en  Efe_2:8-10 : (¡muchos nunca leen el verso 10!).

 Todos hacemos cada día muchas "obras", buenas o malas: La grandeza del cristiano, es que es salvado gratis, por la fe, por la Sangre de Cristo, para vivir en Cristo, y que Cristo viva en él, y así poder hacer "obras buenas" . ¡Mas no yo, sino Cristo que vive en mí! Gal_2:20.

 Esto de "salvados" se presta a confusión: Somos "salvados" del pecado, del poder del demonio y de la muerte, y hechos "hijos de Dios". ¡pero no estamos en el Cielo!. hemos sido "salvados", hechos "hijos de Dios", para que hagamos obras buenas. si las hacemos malas, somos peores que un pagano, que no tiene tantas gracias como un cristiano. Por eso nos dice Pablo: Si tuviera tanta fe que moviera montanas, pero no tengo caridad, no soy nada: (1Co_13:2). Y el mismo Jesús nos dice que "muchos" dirán: ¿no profetizamos en tu nombre, e hicimos milagros y expulsamos demonios en tu nombre?. Y Jesus les dirá: Marchaos de mí, obradores de maldad, Mat_7:21-27). Y Santiago dice taxativamente que la fe, sin obras es fe muerta, es como un cadáver, es la fe del diablo, Stg_2:14-26.

 Lutero quería quitar de la Biblia esta carta de Santiago, pero, para quitar esa idea, tendría que deshacerse de toda la Biblia: He aquí sólo algunos ejemplos: Los "creyentes".

 - Son creados en Cristo, para hacer buenas obras, Efe_2:8-10 : (¡lea el 10!).

 - Exhortados a revestirse de obras, Col_3:12-14.

 - Están llenos de obras, Hec_9:36.

 - Seguidores de obras, Tit_2:14.

 - Deben ser perfectamente instruidos para buenas obras, 2Ti_3:17.

 - Deben ser ricos en obras, 1Ti_6:18
 - Sobresalir en obras, Tit_3:8-14.

 - Fecundos en obras, Col_1:10.

 - Perfectos en obras, Heb_13:21.

 - Abundar en obras, 2Co_9:8.

 - Seguidos a la tumba por sus obras, Rev_14:13.

 - Todo el Libro de los "Hechos", se llama así, porque son los "Hechos", las "Obras" de los primeros cristianos realizadas con el poder de Dios.

 - El Sermón de la Montaña de Mt.5,6 y 7, todo son "obras".

 - La Carta a los Romanos es la "Catedral de la fe" en los primeros 8 capítulos, pero es la "Catedral de las obras" en los 5 últimos, son como el "Sermón de la Montaña" de San Pablo.

 - La "Carta a los Gálatas" es la "carta de la libertad". la libertad y poder que tiene el cristiano para hacer el bien, y no hacer el ma: Los 3 primeros capítulos son todo "fe", porque es la base del cristianismo, del ser "hijos de Dios". pero los dos últimos son la "lucha del cristiano", y las obras buenas que tiene que hacer, si en verdad Cristo está en él, resumiendo Pablo toda la Biblia en Gal_5:14 en 8 palabras: Amarás a tu prójimo como a ti mismo; es el mismo resumen que hizo Jesús de toda la Biblia en Mat_7:12.

 - Lo mismo pasa con las cartas a los Efesios y Colosenses: La primera mitad son las maravillas y prerrogativas del ser cristiano. la segunda mitad, es la lucha y buenas obras que tiene que hacer el cristiano, con Cristo en su corazón, ¡el gran problema, es que muchos cristianos sólo leen la primera mitad de estas Epístolas!.

 Un Ejemplo: Un "Príncipe" lo es, no porque hiciera buenas obras, o fuera guapo, sino solo porque es hijo de su padre, que es Rey: Es príncipe gratis, de gracia, sin que él hiciera ninguna buena obra para serlo. pero una vez que es "Príncipe" tiene que hacer buenas obras, con las prerrogativas y facilidades que tiene, ¡y si hace malas obras, es peor que si no hubiera sido príncipe . porque todos se van a enterar!.

 Lo mismo pasa con el Cristiano: Lo es gratis, por gracia, por la fe en Jesucristo; ya es "salvado", ¡no confundas esta palabra!, es hecho "hijo de Dios!, es salvado del pecado, del demonio. pero es "salvado", hecho "hijo de Dios", para que haga buenas obras"; si con tantas gracias y prerrogativas, hace "malas obras", es peor que si fuera pagano.

 El Juicio Fina: En el momento de entrar al Cielo, Dios no nos preguntará si tuvimos fe, o si fuimos o no cristianos. nos tratará a todos sin "acepcion de personas", a todos por la misma medida, dice Pablo en Ro.2: 5-I1, nos medirá por las "obras" que hicimos, ¡a todos!, a cristianos, a judíos, a musulmanes, al chinito que nunca oyo hablar de Cristo, a Moisés, que nació antes de Cristo, ¡a todos!. y así lo repite la Biblia cada vez que nos describe el "Juicio Final", en el momento antes de ser enviado al Cielo o al Infierno. no nos medirá por la fe, ni por ningún otro don que nos dio el Senor, sino que nos medirá por las "obras" que hicimos con la fe, porque a todos Dios nos da la fe necesaria para ir al Cielo, a todos, a chinitos, a cristianos, a musulmanes, a los que nacieron antes de Cristo, ¡a todos nos da la medida de la fe, de Rom_12:3, y a cada uno mucho más de la que necesita!. ¡porque Dios quiere que todos los hombres se salven, vayan al Cielo!: (1Ti_2:4).

 Lea usted el "Juicio Final", cómo será el suyo, en Rom_2:5-11, Mat_25:31-46, Jua_5:29, 2Co_5:10, Rev_20:11-15. Ver "Justificacion".



Diccionario Bíblico Cristiano
Dr. J. Dominguez

http://biblia.com/diccionario/

Ducasse... Fuego de Dios

Tomando Posesión de la Promesa

« Yo soy Jehová, el Dios de Abraharn, tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia » (Gén_28:13).

A las almas tímidas les cuesta trabajo aprovechar las promesas que Dios ha hecho para ellas, pues temen que sería presuntuoso, por su parte, aferrarse a esas cosas tan buenas y preciosas. Como norma general, podemos considerar que si tenemos fe como para aprovechar la promesa será nuestra. El que nos da la llave que encaja en la cerradura de su puerta, lo hace con el propósito de que abramos la puerta y entremos. No podremos nunca ser presuntuosos por creer con humildad en Dios, pero sí lo seremos si cuestionamos su palabra. No será fácil que nos equivoquemos por confiar demasiado en la promesa. Nuestro fallo reside en la falta de fe, nunca por tener demasiada fe. Sería difícil creer demasiado en Dios, y lo terriblemente corriente es no creer en Él lo suficiente. «Conforme a vuestra fe así os sea hecho» es una bendición que Dios no se arrepiente nunca de conceder. «Si crees» está escrito: «si puedes creer, todo le es posible al que cree». También está escrito: «No pudieron entrar por causa de la incredulidad de ellos», pero no se ha dicho nunca que uno que entrase porque su fe fuese criticado por su impertinencia y echado fuera.
Jacob, según el versículo con el cual hemos encabezado este capítulo, tomó posesión de la tierra prometida tumbándose sobre ella y quedándose dormido. No hay una manera más segura de apoderarse de una promesa que colocando todo nuestro peso sobre ella y luego disfrutando de un buen descanso. «La tierra en que estás acostado te la daré.»
¡Con cuánta frecuencia he visto que la promesa era cierta al aplicármela y aceptarla por fe como algo verdadero y actuando conforme a ella! Me he tumbado sobre ella como si se tratase de un sofá y me he dejado a mí mismo en las manos del Señor; entonces he podido descansar, y la paz se ha adueñado de mi espíritu. La confianza en Dios hace que se cumplan los propios deseos. La promesa que hace el Señor a los que buscan sus favores en oración es como sigue: «Creed que las recibiréis y os será hecho.» Esto suena extraño, pero es verdad, pues es conforme a la filosofía de la fe. Diga usted, con una fe auténtica: «esta promesa es mía», y de inmediato lo será. Las promesas las recibimos por la fe y no por la vista o por otro sentido.
Las promesas de Dios no son la exclusiva de un cristiano determinado u otro, sino que son un bien común para todos los que habitan en la parroquia de la Santa Fe. No hay duda de que hay personas que, si pudiesen, se apoderarían de las estrellas y harían del sol y de la luna una propiedad personal. Esa misma avaricia intentaría vallar las promesas, pero es algo que no pueden hacer. Sería como el avaro que pretende encerrar los pájaros cantores, y decir que la música de las alondras y los tordos es su herencia exclusiva, como proponer que las promesas son todas para una persona. No, ni los mejores de entre los santos pueden, aunque quisiesen hacerlo, poner ni una sola de las palabras del Dios de gracia bajo llave. La promesa no es sólo «para vosotros y nuestros hijos», sino «para todos los que están lejos, a todos los que son llamados por el Señor». Qué gran consuelo es éste! Hagamos nuestros los bienes comunes y poseamos, por la fe, lo que el Señor ha puesto a nuestra disposición por el pacto.
Las palabras que fueron dichas a Jacob pertenecen por igual a todos los creyentes. Oseas dice acerca de él: «Venció al ángel y prevaleció; lloró y le rogó; en Bet-el le halló, y allí habló con nosotros.» De manera que Dios nos estaba hablando también a nosotros al hablar con el patriarca. Las maravillas que mostró Dios en el Mar Rojo se realizaron para todo el pueblo, pero leemos: «Allí en Él nos alegramos» (Sal_66:6). Es cierto que nosotros no estuvimos presentes, pero a pesar de ello el gozo de la victoria que obtuvo Israel es también nuestro. El apóstol cita la palabra que el Señor dijo a Josué como si hubiese ido dirigida a uno o a cualquier hijo de Dios. «Porque él dijo: no te desampararé ni te dejaré» (Heb_11:5), ya que la palabra del Señor no acaba con el motivo que la originó ni se agota al bendecir a la persona a la que fue dirigida. Todas las promesas van dirigidas a los creyentes que tienen suficiente fe como para aplicárselas y suplir que sean suyas ante el trono de la gracia. Lo que Dios es para la persona que ha confiado en Él, lo será para todos los que le necesiten por sus circunstancias y necesidades.
La Biblia tiene puesta su mirada en cada uno de nosotros al pronunciar sus palabras llenas de gracia. Un orador de Bampton dijo muy acertadamente: «Nosotros mismos, y otros como nosotros, somos las personas acerca de las cuales habla la Escritura y a las cuales apela como hombres, de diversas maneras, con persuasión y condescendencia, pero de manera celestial. Vale la pena fijarse en como un libro de su descripción, con todo lo que abarca, tiene un poder tan versátil y una visión tal que es como un retrato exacto de nuestras personas, dondequiera que nos volvamos.»

«¡Visión de la palabra de Dios!
dondequiera que miramos,
siempre tu mirada dulce sobre nosotros está,
discerniendo nuestro dolor profundo,
descifrando la confusión que anida en nuestro ser. »
«¿Qué palabra es ésta? ¿De dónde me conoces?

Maravillado clama el humilde corazón
al oírte proclamar
ese misterio tan profundo.»

La palabra posee una personalidad extraordinaria, pues se aplica a miles de generaciones de creyentes, y ése es uno de sus mayores encantos y una de las pruebas más contundentes de su inspiración divina. Hemos de tratar nuestras Biblias no como si se tratase de viejos almanaques, sino de libros nuevos, actuales, con un contenido fresco y que se adapta a nuestros días. Hay una dulzura inconmensurable y posee al mismo tiempo una frescura que no ha disminuido en nada, pues esa misma palabra que habló en la antigüedad a nuestros antepasados, alimentando su espíritu, se aplica también a nosotros hoy. Gloria sea a Dios de que nosotros podemos darnos un banquete con su palabra, y si no lo estamos haciendo deberíamos de hacerlo. ¡Si no lo hacemos sólo podemos culparnos a nosotros mismos!

Los pozos de Abraham sirvieron para Isaac y para Jacob, pero también para miles de generaciones. Vengan y metamos nuestros cubos y saquemos con gozo el agua que está en los profundos pozos de la salvación, que fueron cavados en aquellos días en que nuestros padres depositaron su confianza en el Señor y Él les libertó. No hemos de temer ser supersticiosos o crédulos. Las promesas del Señor son para todos los que desean creer en ellas, y la fe es una garantía para creer. Si tú no eres capaz de confiar, aún puedes hacerlo. Después de haber sido cumplidas miles de veces, las palabras de la promesa siguen teniendo su valor, y volverán a cumplirse. Muchas veces han sido a las que nos hemos acercado como a una fuentecilla del campo a calmar nuestra sed con agua fresca del arroyo, que sigue siendo gratuita y conserva su frescor, y hoy podemos beber de ella con la misma confianza que lo hicimos la primera vez. Los hombres no cumplen sus promesas una y otra vez, y sería irrazonable esperar que lo hiciesen. ¡Ellos son como cisternas, pero tú, oh Señor, eres una fuente! Todos mis frescos manantiales están en ti.
¡Ven lector, e imita a Jacob! Del mismo modo que él se tumbó en un lugar determinado, usando las piedras como almohada, hazlo tú. Tenemos la Biblia entera para reclinarnos sobre ella, y hay ciertas promesas en ella que nos pueden servir de almohada. Apoya en ellas tu carga y tú mismo repósate, deja tu penar. He aquí una promesa de la Escritura que puede ser tuya de ahora en adelante: «La tierra en que estás acostado te la daré.»

***

el joven de doble ánimo peliculas cristianas

Miq 7:8
La victoria definitiva de Israel[g]
Nación enemiga mía, no te alegres de mi desgracia,[h]
pues, aunque caí, voy a levantarme;
aunque me rodee la oscuridad,
el Señor es mi luz.

Miq 7:9  He pecado contra el Señor,
y por eso soportaré su enojo;
mientras tanto, él juzgará mi causa
y me hará justicia.
El Señor me llevará a la luz,
me hará ver su victoria.

Miq 7:10  También la verá mi enemiga,
y eso la cubrirá de vergüenza.
Ella me decía: “¿Dónde está el Señor tu Dios?”,[i]
pero ahora tendré el gusto de verla
pisoteada[j] como el barro de las calles.
Miq 7:11
La restauración de Jerusalén
Jerusalén, ya viene el día
en que tus muros serán reconstruidos[k]
y tus límites ensanchados.

Miq 7:12  Ya viene el día
en que acudirán a ti de todas partes:
desde Asiria hasta Egipto,
desde el río Nilo hasta el Éufrates,
de mar a mar y de monte a monte.[l]

Miq 7:13  La tierra será convertida en desierto
por culpa de sus habitantes,
como resultado de su maldad.[m]
Miq 7:14
Oración por la prosperidad del pueblo
¡Cuida, Señor, de tu pueblo,
de las ovejas de tu propiedad,
que están solas en el bosque,
rodeadas de fértiles tierras!
Llévalas, como en tiempos pasados,
a los pastos de Basán y Galaad.[n]

Miq 7:15  Hazles ver maravillas,[ñ]
como en los días en que los sacaste de Egipto.[o]

Miq 7:16  ¡Que las otras naciones también las vean,
y se cubran de vergüenza
a pesar de todo su poder!
¡Que se queden como mudas y sordas!

Miq 7:17  ¡Que muerdan el polvo como las serpientes
y como los otros reptiles!
¡Que salgan temblando de sus nidos,
y que llenas de miedo recurran
a ti, Señor nuestro Dios!
Miq 7:18
Dios perdona a su pueblo
No hay otro Dios como tú,[p]
porque tú perdonas la maldad
y olvidas las rebeliones
de este pequeño resto[q] de tu pueblo.
Tú nos muestras tu amor
y no mantienes tu enojo para siempre.[r]

Miq 7:19  Ten otra vez compasión de nosotros
y sepulta nuestras maldades.
Arroja nuestros pecados
a las profundidades del mar.

Miq 7:20  ¡Mantén, Señor, la fidelidad y el amor
que en tiempos antiguos prometiste
a nuestros antepasados Abraham y Jacob![s]

lunes, 21 de enero de 2013

Miguel Sanchez Avila-El pecado de la homosexualidad.

Apo 21:8  Pero en cuanto a los cobardes, los incrédulos, los odiosos, los asesinos, los que cometen inmoralidades sexuales, los que practican la brujería, los que adoran ídolos, y todos los mentirosos,[q] a ellos les tocará ir al lago de azufre ardiente, que es la segunda muerte.”[r]
 

La perspectiva del género y sus amenazas hacia la iglesia. Miguel Sánche...

ABANDONAR
1. apothesis (ἀπόθεσις, G595), dejar de lado. Se utiliza metafóricamente en 1Pe_3:21, y se traduce como «quitar», esto es, purificar las inmundicias de la carne; en 2Pe_1:14 se dice de dejar el cuerpo, lit: «pronto es el abandono de mi tienda, o tabernáculo».¶

2. apoleipo (ἀπολείπω, G620), dejar atrás [apo, de (partitivo)]. Se utiliza: (a) en la voz activa, de dejar atrás un capote (2Ti_4:13); una persona (2Ti_4:20; Jud_1:6); (b) en la voz pasiva, ser reservado, quedar (Heb_4:6, Heb_4:9; Heb_10:26). Véanse DEJAR, QUEDAR.¶ En los papiros se utiliza como término técnico en los testamentos (Moulton y Milligan, Vocabulary).

3. apostrefo (ἀποστρέφω, G654), alejarse, quitar, volver. Significa abandonar en 2Ti_1:15. Véanse APARTAR, CONVERTIR, DESECHAR, DEVOLVER, PERTURBAR, REHUSAR, VOLVER.

4. afiemi (ἀφίημι, G863), tiene en algunas ocasiones el significado de abandonar o dejar. Concretamente, se traduce abandonar en 1Co_7:11-12, 1Co_7:13. En otros pasajes tiene el sentido de dejar. Véanse CONSENTIR, DEJAR, DESPEDIR, ENTREGAR, PERDONAR, PERMITIR, QUEDAR, REMITIR, SALIR.

5. epididomi (ἐπιδίδωμι, G1929), significa dar la mano (epi, sobre) (p.ej., Mat_7:9-10). En Hch_27:15 se utiliza como «abandonarse» al viento; lit: «nos dimos al viento». Véanse DAR, ENTREGAR. 

Ecl 2:1 Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad. Ecl 2:2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto? Ecl 2:3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida. Ecl 2:4 Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; Ecl 2:5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto. Ecl 2:6 Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles. Ecl 2:7 Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén. Ecl 2:8 Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música. Ecl 2:9 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría. Ecl 2:10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Ecl 2:11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol. Ecl 2:12 Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho. Ecl 2:13 Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas. Ecl 2:14 El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro. Ecl 2:15 Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad. Ecl 2:16 Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio. Ecl 2:17 Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu. Ecl 2:18 Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí. Ecl 2:19 Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad. Ecl 2:20 Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría. Ecl 2:21 ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande. Ecl 2:22 Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol? Ecl 2:23 Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad. Ecl 2:24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios. Ecl 2:25 Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo? Ecl 2:26 Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu. PASTOR. MARTIN CAPELES. PREDICANDO DESDE NUEVA YORK.

Dios no te preguntara

domingo, 20 de enero de 2013

Sal 119:1 *Alef. Felices son los íntegros, los que siguen las enseñanzas del SEÑOR. Sal 119:2 Felices son los que obedecen sus leyes y lo buscan con todo el corazón. Sal 119:3 No negocian con el mal y andan sólo en los caminos del SEÑOR.YIYE ÁVILA - Jonas (Part1) Capitulo 1-4

Éxo 4:1 Sin embargo Moisés protestó de nuevo: —¿Qué hago si no me creen o no me hacen caso? ¿Qué hago si me dicen: “El SEÑOR nunca se te apareció”? Éxo 4:2 Entonces el SEÑOR le preguntó: —¿Qué es lo que tienes en la mano? —Una vara de pastor —contestó Moisés. Éxo 4:3 —Arrójala al suelo —le dijo el SEÑOR. Así que Moisés la tiró al suelo, ¡y la vara se convirtió en una serpiente! Entonces Moisés saltó hacia atrás. Éxo 4:4 Pero el SEÑOR le dijo: —Extiende la mano y agárrala de la cola. Entonces Moisés extendió la mano y la agarró, y la serpiente volvió a ser una vara de pastor. Éxo 4:5 —Realiza esta señal —le dijo el SEÑOR—, y ellos creerán que el SEÑOR, el Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, de veras se te apareció. Éxo 4:6 Luego el SEÑOR le dijo a Moisés: —Ahora mete la mano dentro de tu manto. Entonces Moisés metió la mano dentro de su manto, y cuando la sacó, la mano estaba blanca como la nieve, afectada por una grave enfermedad de la piel.* Éxo 4:7 —Ahora vuelve a meter la mano dentro de tu manto —le dijo el SEÑOR. Así que Moisés metió la mano de nuevo, y cuando la sacó, estaba tan sana como el resto de su cuerpo. Éxo 4:8 El SEÑOR le dijo a Moisés: —Si no te creen ni se convencen con la primera señal milagrosa, se convencerán con la segunda. Éxo 4:9 Y si no te creen ni te escuchan aun después de estas dos señales, entonces recoge un poco de agua del río Nilo y derrámala sobre el suelo seco. En cuanto lo hagas, el agua del Nilo se convertirá en sangre sobre el suelo. Éxo 4:10 Pero Moisés rogó al SEÑOR: —Oh Señor, no tengo facilidad de palabra; nunca la tuve, ni siquiera ahora que tú me has hablado. Se me traba la lengua y se me enredan las palabras. Éxo 4:11 Entonces el SEÑOR le preguntó: —¿Quién forma la boca de una persona? ¿Quién decide que una persona hable o no hable, que oiga o no oiga, que vea o no vea? ¿Acaso no soy yo, el SEÑOR? Éxo 4:12 ¡Ahora ve! Yo estaré contigo cuando hables y te enseñaré lo que debes decir. Éxo 4:13 Pero Moisés suplicó de nuevo: —¡Te lo ruego, Señor! Envía a cualquier otro. Éxo 4:14 Entonces el SEÑOR se enojó con Moisés y le dijo: —De acuerdo, ¿qué te parece tu hermano Aarón, el levita? Sé que él habla muy bien. ¡Mira! Ya viene en camino para encontrarte y estará encantado de verte. Éxo 4:15 Habla con él y pon las palabras en su boca. Yo estaré con los dos cuando hablen y les enseñaré lo que tienen que hacer. Éxo 4:16 Aarón será tu vocero ante el pueblo. Él será tu portavoz, y tú tomarás el lugar de Dios ante él al decirle lo que tiene que hablar. Éxo 4:17 Lleva contigo tu vara de pastor y úsala para realizar las señales milagrosas que te mostré. Éxo 4:18 Luego Moisés volvió a la casa de Jetro, su suegro, y le dijo: —Por favor, permíteme volver a Egipto para visitar a mis parientes. Ni siquiera sé si todavía viven. —Ve en paz —le respondió Jetro. Éxo 4:19 Antes de que Moisés saliera de Madián, el SEÑOR le dijo: «Regresa a Egipto, porque ya han muerto todos los que querían matarte». Éxo 4:20 Así que Moisés tomó a su esposa y a sus hijos, los montó en un burro, y regresó a la tierra de Egipto. En la mano llevaba la vara de Dios. Éxo 4:21 El SEÑOR le dijo a Moisés: «Cuando llegues a Egipto, preséntate ante el faraón y haz todos los milagros que te he dado el poder de realizar. Pero yo le endureceré el corazón, y él se negará a dejar salir al pueblo. Éxo 4:22 Entonces le dirás: “Esto dice el SEÑOR: ‘Israel es mi primer hijo varón. Éxo 4:23 Te ordené: deja salir a mi hijo para que pueda adorarme, pero como te has negado, ¡ahora mataré a tu primer hijo varón!’ ”». Éxo 4:24 Rumbo a Egipto, en un lugar donde Moisés se detuvo con su familia para pasar la noche, el SEÑOR enfrentó a Moisés y estuvo a punto de matarlo. Éxo 4:25 Pero Séfora, la esposa de Moisés, tomó un cuchillo de piedra y circuncidó a su hijo. Con el prepucio, tocó los pies* de Moisés y le dijo: «Ahora tú eres un esposo de sangre para mí». Éxo 4:26 (Cuando dijo «un esposo de sangre», se refirió a la circuncisión). Después de ese incidente, el SEÑOR lo dejó en paz. Éxo 4:27 Ahora bien, el SEÑOR le había dicho a Aarón: «Ve al desierto para encontrarte con Moisés». Así que Aarón fue a encontrarse con Moisés en el monte de Dios y lo abrazó. Éxo 4:28 Moisés le contó todo lo que el SEÑOR le había ordenado que dijera y también le contó acerca de las señales milagrosas que el SEÑOR lo mandó a realizar. Éxo 4:29 Luego Moisés y Aarón regresaron a Egipto y convocaron a todos los ancianos de Israel. Éxo 4:30 Aarón les dijo todo lo que el SEÑOR le había dicho a Moisés, y Moisés realizó las señales milagrosas a la vista de ellos. Éxo 4:31 Entonces el pueblo de Israel quedó convencido de que el SEÑOR había enviado a Moisés y a Aarón. Cuando supieron que el SEÑOR se preocupaba por ellos y que había visto su sufrimiento, se inclinaron y adoraron.Benny Hinn Ministries - The Master's Healing Touch - Instrumental Reflec...

Gén 1:1 En el principio, Dios creó los cielos y la tierra.* Gén 1:2 La tierra no tenía forma y estaba vacía, y la oscuridad cubría las aguas profundas; y el Espíritu de Dios se movía en el aire sobre la superficie de las aguas. Gén 1:3 Entonces Dios dijo: «Que haya luz»; y hubo luz. Gén 1:4 Y Dios vio que la luz era buena. Luego separó la luz de la oscuridad. Gén 1:5 Dios llamó a la luz «día» y a la oscuridad «noche». Y pasó la tarde y llegó la mañana, así se cumplió el primer día. Gén 1:6 Entonces Dios dijo: «Que haya un espacio entre las aguas, para separar las aguas de los cielos de las aguas de la tierra»; Gén 1:7 y eso fue lo que sucedió. Dios formó ese espacio para separar las aguas de la tierra de las aguas de los cielos Gén 1:8 y Dios llamó al espacio «cielo». Y pasó la tarde y llegó la mañana, así se cumplió el segundo día. Gén 1:9 Entonces Dios dijo: «Que las aguas debajo del cielo se junten en un solo lugar, para que aparezca la tierra seca»; y eso fue lo que sucedió. Gén 1:10 Dios llamó a lo seco «tierra» y a las aguas «mares». Y Dios vio que esto era bueno. Gén 1:11 Después Dios dijo: «Que de la tierra brote vegetación: toda clase de plantas con semillas y árboles que den frutos con semillas. Estas semillas producirán, a su vez, las mismas clases de plantas y árboles de los que provinieron»; y eso fue lo que sucedió. Gén 1:12 La tierra produjo vegetación: toda clase de plantas con semillas y árboles que dan frutos con semillas. Las semillas produjeron plantas y árboles de la misma clase. Y Dios vio que esto era bueno. Gén 1:13 Y pasó la tarde y llegó la mañana, así se cumplió el tercer día. Gén 1:14 Entonces Dios dijo: «Que aparezcan luces en el cielo para separar el día de la noche; que sean señales para que marquen las estaciones, los días y los años. Gén 1:15 Que esas luces en el cielo brillen sobre la tierra»; y eso fue lo que sucedió. Gén 1:16 Dios hizo dos grandes luces: la más grande para que gobernara el día, y la más pequeña para que gobernara la noche. También hizo las estrellas. Gén 1:17 Dios puso esas luces en el cielo para iluminar la tierra, Gén 1:18 para que gobernaran el día y la noche, y para separar la luz de la oscuridad. Y Dios vio que esto era bueno. Gén 1:19 Y pasó la tarde y llegó la mañana, así se cumplió el cuarto día. Gén 1:20 Entonces Dios dijo: «Que las aguas se colmen de peces y de otras formas de vida. Que los cielos se llenen de aves de toda clase». Gén 1:21 Así que Dios creó grandes criaturas marinas y todos los seres vivientes que se mueven y se agitan en el agua y aves de todo tipo, cada uno produciendo crías de la misma especie. Y Dios vio que esto era bueno. Gén 1:22 Entonces Dios los bendijo con las siguientes palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense. Que los peces llenen los mares y las aves se multipliquen sobre la tierra». Gén 1:23 Y pasó la tarde y llegó la mañana, así se cumplió el quinto día. Gén 1:24 Entonces Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de animales, que cada uno produzca crías de la misma especie: animales domésticos, animales pequeños que corran por el suelo y animales salvajes»; y eso fue lo que sucedió. Gén 1:25 Dios hizo toda clase de animales salvajes, animales domésticos y animales pequeños; cada uno con la capacidad de producir crías de la misma especie. Y Dios vio que esto era bueno. Gén 1:26 Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos* a nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren por el suelo». Gén 1:27 Así que Dios creó a los seres humanos* a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó. Gén 1:28 Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella. Reinen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que corren por el suelo». Gén 1:29 Entonces Dios dijo: «¡Miren! Les he dado todas las plantas con semilla que hay sobre la tierra y todos los árboles frutales para que les sirvan de alimento. Gén 1:30 Y he dado toda planta verde como alimento para todos los animales salvajes, para las aves del cielo y para los animales pequeños que corren por el suelo, es decir, para todo lo que tiene vida»; y eso fue lo que sucedió. Gén 1:31 Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno! Y pasó la tarde y llegó la mañana, así se cumplió el sexto día.Susan Boyle - Perfect Day